A casi tres meses de haber asumido la Presidencia, Rodrigo Paz registra un 65 % de aprobación ciudadana en las principales áreas urbanas del país, mientras que la percepción sobre el vicepresidente Edmand Lara es marcadamente negativa, con un 68 % de desaprobación, según una encuesta realizada por Ipsos Ciesmori para Unitel.
El estudio, aplicado en las ciudades de La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz, refleja un respaldo significativo a la gestión presidencial, incluso después de una de las decisiones económicas más controvertidas del nuevo gobierno: la eliminación de la subvención a los carburantes y el ajuste del precio a niveles internacionales, medida adoptada en diciembre.
Pese al impacto social y económico de esta decisión, el nivel de apoyo al mandatario se mantuvo estable. Santa Cruz es la región donde Paz registra su mayor respaldo, con un 75 % de aprobación, seguida por La Paz, Cochabamba y El Alto, donde también obtiene cifras mayoritariamente favorables.
En paralelo, la percepción sobre el rumbo del país muestra un giro optimista. Ante la consulta “¿Diría usted que el país va en la dirección correcta o en la dirección incorrecta?”, el 68 % de los encuestados respondió que Bolivia avanza en la “dirección correcta”, un indicador que refuerza la lectura positiva de la actual administración.
El retiro de la subvención a los hidrocarburos, vigente por más de dos décadas, marcó el inicio de un nuevo enfoque económico, centrado en la inversión privada, el mercado y la sostenibilidad fiscal. Para analistas, este viraje explica tanto el respaldo ciudadano como la polarización política que empieza a delinearse en el nuevo ciclo de gobierno.
En contraste, el vicepresidente Edmand Lara enfrenta una evaluación desfavorable. Desde noviembre, su nivel de desaprobación se ha mantenido alto y escaló hasta el 68 % en enero, consolidando una imagen negativa ante la opinión pública.
La situación se agrava por la postura política asumida por el propio Lara, quien se declaró opositor al gobierno de Paz, una posición inédita dentro del Ejecutivo y que ha generado tensiones institucionales y confusión en el electorado.
Los datos de la encuesta evidencian así un escenario político singular: un presidente con alto respaldo ciudadano y una percepción positiva del rumbo del país, frente a un vicepresidente con fuerte rechazo y distanciamiento político del gobierno al que formalmente pertenece. Un contraste que, de sostenerse, podría convertirse en uno de los principales desafíos de gobernabilidad en el corto plazo.