A un mes de su última aparición pública, el paradero del expresidente Evo Morales se ha convertido en motivo de especulación política y mediática. Desde el domingo 4 de enero, cuando condujo por última vez su programa en la radio Kawsachun Coca (RKC), Morales no volvió a mostrarse en actos públicos ni en su habitual espacio radial, limitando su comunicación a mensajes difundidos a través de redes sociales.
La ausencia se hizo aún más notoria este domingo, cuando la emisora no ofreció ninguna explicación oficial sobre su inasistencia, alimentando versiones que van desde una eventual salida del país hasta problemas de salud que le impedirían presentarse públicamente. Ninguna de estas hipótesis ha sido confirmada de manera formal.
El retiro temporal del exmandatario coincide con un contexto regional e interno particularmente sensible. Morales dejó de aparecer públicamente en paralelo a la captura del líder venezolano Nicolás Maduro, confirmada el 4 de enero, hecho que tuvo amplia repercusión internacional. A ello se sumó la llegada de agentes de la DEA a Bolivia, un elemento que, según analistas políticos, pudo haber incrementado la percepción de riesgo en su entorno.
Morales, que tras su renuncia en 2019 salió del país rumbo a México alegando amenazas contra su vida, ha demostrado en el pasado una alta sensibilidad frente a escenarios que interpreta como amenazas políticas o judiciales. En aquella oportunidad sostuvo que un informante militar le advirtió sobre un supuesto plan para asesinarlo, versión que nunca fue corroborada oficialmente.
Las explicaciones ofrecidas por su entorno han sido escuetas y, en algunos casos, contradictorias. El dirigente campesino Vicente Choque señaló brevemente a RKC que Morales “está a buen recaudo” y cuidando su salud, sin brindar mayores precisiones. Días antes, el senador evista Leonardo Loza afirmó que el exmandatario se encontraba “en algún rinconcito de la Patria Grande”, sugiriendo que podría estar fuera del país.
Desde el Ejecutivo, sin embargo, se rechazó esa versión. El ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, aseguró que los reportes oficiales indican que Morales permanece en el trópico de Cochabamba. “La información que se tiene es que, como él mismo ha señalado en otras oportunidades y como lo indican sus adherentes, está en el trópico de Cochabamba”, declaró.
La primera ausencia de Morales a su programa radial se registró el 11 de enero. En esa ocasión, los conductores informaron que padecía dengue y que se encontraba bajo tratamiento médico. Desde entonces, no se volvieron a emitir comunicados oficiales que expliquen su prolongada inactividad pública, algo inusual para una figura que durante más de dos décadas mantuvo una presencia política constante.
En círculos políticos se especula que, de haber salido del país, Morales podría encontrarse en México o Brasil, países gobernados por líderes con quienes mantiene afinidad ideológica: Claudia Sheinbaum y Luiz Inácio Lula da Silva. No obstante, estas versiones carecen de confirmación oficial.
La incertidumbre sobre su paradero se da en un contexto de debilitamiento progresivo de su liderazgo. Durante el gobierno de Luis Arce, Morales restringió sus desplazamientos fuera del Chapare ante el temor de ser detenido, luego de que el entonces ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, impulsara una imputación por trata y promoviera una alerta migratoria a fines de 2024.
Estos hechos se sumaron a una cadena de reveses políticos y judiciales: en diciembre de 2023, el Tribunal Constitucional lo inhabilitó de manera indefinida para postular a la presidencia; en noviembre de 2024 perdió el control del MAS; y de cara a las elecciones generales de 2025 no logró una sigla que lo acogiera. Aun de haberla conseguido, su candidatura difícilmente habría sido registrada por el órgano electoral debido a la inhabilitación constitucional vigente.
Así, la prolongada ausencia pública de Evo Morales se inscribe en un proceso más amplio de erosión de su poder político. De haber sido el principal referente de la política boliviana desde inicios de los años 2000, pasó a renunciar al gobierno, salir del país, perder su partido, ser inhabilitado electoralmente y enfrentar procesos judiciales que limitaron su movilidad. Su actual silencio y paradero incierto podrían marcar una nueva etapa —quizás definitiva— en el ocaso de uno de los liderazgos más influyentes de la historia política reciente de Bolivia.